
No lo digan tus pasos silenciosos
No lo anuncien tus manos perfumadas
No lo alumbren las luces de la tarde
Si me niegas tu visita enamorada.
No se diga que espero tus requiebros
No me pidan que acalle mis miradas
No me quites los latidos y collares
Si me niegas tu visita enamorada.
Si te encuentro en el camino primoroso
Si los sentidos te hablan alterados
Si la tarde conduce a mis altares
No me niegues tu visita, enamorado.
Anamá Ferri
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